El problema de la Paternidad Cristiana Moderna

Cuestiones Complejas

El problema de la Paternidad Cristiana Moderna

por William Michael, enero de 2011

En los círculos cristianos, con seguridad hay reglas para lo que los niños pueden hacer y lo que no pueden hacer. Esto lo entienden aún las celebridades y los artistas mismos. El rapero Eminem, por ejemplo, se refiere a esto en la canción “Renegade”

Para romper la imagen en la que de que como ellos me pintan como un traficante de odio, Satanás, un ateo atolondrado, pero eso no es el caso, mira que es una cuestión de gustos Nosotros, como pueblo decidimos si es tan malo como dicen que es o es el último – una puerta para escapar escapar? Chivo expiatorio de medios de comunicación, con el que pueden estar furiosos hoy Mira es muy fácil, tan simple como silbando ‘Dixie mientras estoy moviendo la pistola ante sesenta cristianos contra mí

Ahora, usted puede no entender lo que está diciendo, y es probable que no quiera leer mucho más allá de estas líneas, ya que apenas fui capaz de citar ocho líneas sin ninguna blasfemia. Está criticando a los padres que culpan a su música por los problemas de sus hijos y los llama hipócritas.

Mi punto en esto es que los artistas, de los cuales la mayoría de los cristianos se la pasan quejándose, son conscientes de que la desaprobación de los padres, sin embargo, saben que las restricciones son una broma. Ellos cantan de temas que no se hablan en la mesa de la cena y de cuestiones que la mayoría de los niños cristianos no deben nunca saber: drogas, asesinato, fornicación, crimen organizado, etc. No hay ninguna razón para que los niños cristianos escuchen estas historias del ghetto, especialmente cuando muchas de ellas buscan glorificar los males allí conocidos. Mientras que él está vendiendo millones de discos, es fácil para los padres decir “No” a Eminem – sus canciones son un asco y mezcladas con malas palabras.

Sin embargo, me gustaría que usted mire un video de Tiesto. Contiene la música de Tiesto, uno de los DJs más famosos del mundo, quien produce música que se utiliza en clubes de baile de todo el mundo. Él es tan bien conocido que fue quien puso la música para la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de 2004. Vea el video y no pase por alto el tamaño de la multitud:

Ahora, imagine que su hijo adolescente le pregunta si está bien escuchar a Tiesto. No hay malas letras. La música no promueve el sexo, la violencia, las drogas o la delincuencia. El DJ y el público están bailando y parece que están pasando un buen momento. Es más, están haciendo algo de ejercicio físico saltando aquí y allá.

Mientras puede ser malo escuchar a Eminem, ¿está bien escuchar a Tiesto?

Este es el tipo de dilema moral que muchos padres cristianos enfrentan al criar a sus hijos en el mundo moderno. Los criterios de comportamiento permisible se han convertido en tres preguntas: (1) ¿Promueve la inmoralidad sexual? (2) ¿Contiene blasfemias u obscenidades? (3) ¿Contradice la doctrina cristiana? Si no hay desnudos, no se dicen groserías y no hay mensajes anticristianos, es difícil, para la mayoría de los padres, decir “No”. Los padres pueden ver anticipadamente un vídeo y saber cuándo hay que saltarse una parte mala. Ellos pueden darse tiempo para discutir algunos de los contenidos anti-cristianos de modo que la película no se eche a perder por un poco de enseñanza falsa o mala religión. De hecho, la tecnología moderna permite a los padres cristianos eliminar el lenguaje sucio de cualquier programa que estén viendo. El “TV Guardian” (TVG) se anuncia de la siguiente manera:

“TVG es la tecnología que silencia malas palabras mientras que usted está viendo la televisión en vivo, DVR o DVD. Funciona en televisores estándar o HD. Así pues, ahora usted puede ver la televisión y películas en vivo o reproducirlos en su DVR y nunca permitir que la preocupación por las malas palabras estropee su tiempo en familia. TVG filtra las malas palabras y ha tenido tanto éxito que más de 12 millones de TVGuardians ya están en las casas de las familias”.

¡Sorprendente! Ahora, el tiempo de la familia no tiene por qué ser echado a perder por una inesperada mala palabra. No más momentos difíciles, cuando los niños voltean a ver a mamá y preguntan: “Mamá ¿qué significa $#!%@&$?”. Ahora, con TV Guardian, nuestros angelitos están seguros.

¿Realmente están seguros? No lo creo. Si ellos están a salvo, después de todo, ¿de qué es de lo que están a salvo? ¿Oír malas palabras es lo que realmente amenaza el bienestar de nuestros hijos? ¿Es que el Evangelio de Cristo es llevado al borde de la derrota por la pronunciación de una palabra de cuatro letras en un DVD? ¿El alma de un niño está protegida por un cuidadoso avance rápido de una escena violenta por su padre? ¿Es esto realmente de lo que se trata el cristianismo? ¿Es esto realmente lo que la próxima generación debería adoptar?

En este artículo, me gustaría sugerir un enfoque muy diferente a la paternidad cristiana. No estoy escribiendo como teólogo o pastor. No me voy a apoyar en ninguna autoridad religiosa para enseñar lo que me gustaría enseñar. Estoy escribiendo como un filósofo, que se basa en la razón para tomar decisiones a la luz de mi fe cristiana. No solo le estoy presentando este artículo como padre cristiano, sino también como alguien que tiene a su cargo la enseñanza de niños. Yo creo que nosotros, los cristianos, nos hemos desviado y me gustaría proponer un rumbo radicalmente diferente para nosotros que vivimos nuestra vida cristiana delante de Dios. Me gustaría sugerir una forma muy diferente de dibujar líneas en nuestras vidas que nos permita tener límites y vivir bien. Sé que mucha gente va a odiar lo que tengo que decir, pero no estoy escribiendo para ellos. Estoy escribiendo para aquellos que, como yo, no está satisfechos con las respuestas superficiales que se les da a los niños por los cristianos en nuestra generación y los indudablemente malos efectos que se puede apreciar tienen esas respuestas.

UNA VIDA DE CUESTIONES COMPLEJAS

Si usted es un padre cristiano que toma la formación moral de sus hijos en serio, probablemente ha sido criticado en algún momento por ser demasiado restrictivo. Usted probablemente haya sido advertido que los niños a los que se les impide hacer las cosas que otros niños hacen, se vuelven rebeldes contra sus padres y de todos modos las hacen. Es probable que haya sido advertido de que es peligroso para los niños protegerlos demasiado, porque la única manera de aprender a resistir las tentaciones es practicar resistiéndose a ellas. Si su niño se mantiene alejado de todos los peligros, usted no puede estar seguro de que su hijo los resiste, sólo de que él no los ha enfrentado todavía.

Por lo general ignoramos estas advertencias cuando las oímos, pero en nuestros corazones sabemos que hay algo de verdad en ellas y, a veces, nos acosan. Es por eso que a menudo estamos estresados por las vidas espirituales de nuestros hijos. Monitoreamos su música. Limitamos la televisión. Les impedimos pasar tiempo con los niños malos. Sin embargo, todavía vemos un mal comportamiento en ellos. Los castigamos. Todavía vemos un mal comportamiento en ellos. Les castigamos más. Todavía vemos un mal comportamiento en ellos. Si nuestros hijos están protegidos del mundo y son disciplinados – pero aun así encontramos que tienen tendencias mundanas, ¿realmente estamos logrando algo? ¿Es su rebelión inevitable? ¿Estamos haciendo algo mal? Mientras luchamos con estas cuestiones, creo que nuestro problema se está revelado y es esta forma de pensar acerca de la educación y la crianza de los hijos que me gustaría tratar de aquí en adelante.

El problema que creo que existe en este enfoque de la crianza de los hijos es que es totalmente negativo. “Ser bueno” significa no hacer el mal. El mal se entiende como cometer actos malos. Pelear es malo. Robar es malo. Maldecir es malo. Desobedecer es malo. Los niños buenos no hacen esas cosas. Los niños malos las hacen. El niño ideal es aquel que no hace cosas malas. El buen padre es aquel que evita que sus hijos hagan cosas malas. Sus hijos no maldicen. Sus hijos no pelean. Sus hijos no roban. Sus tres hijos no tienen relaciones sexuales antes de casarse.Sus hijos no hacen cosas malas. Son niños buenos.

Ese punto de vista de la vida familiar, de la paternidad y de la educación es el punto de vista sostenido por muchas, muchas familias cristianas. Las familias cristianas envían a sus hijos a escuelas cristianas porque creen que será menos probable que ahí hagan cosas malas. Las familias cristianas hacen homeschool porque creen que sus hijos serán menos propensos a hacer el mal allí. Ellos quieren que sus hijos sean buenos y están dispuestos a tomar grandes medidas para evitar que “caigan”, es decir, que hagan cosas malas.

Aquí es donde las cosas se ponen complicadas, sin embargo. Diferentes familias cristianas tienen diferentes opiniones sobre lo qué es exactamente el mal comportamiento. Algunos piensan que ver malos programas de televisión es malo, mientras que otros piensan que la televisión es mala en sí misma. Algunos piensan que la ropa diminuta en el centro comercial es mala, mientras que otros piensan que un tobillo expuesto es malo. Cada uno tiene su propio conjunto de normas, pero en diferentes momentos estas normas son retadas. Las familias más flexibles pueden ver a un adolescente “caer” y lamentan ser tan flexibles como lo han sido. Las familias más estrictas pueden ver a un adolescente que sufre de una infelicidad crónica y lamentan ser demasiado restrictivas. Cuando las familias se reúnen, un padre flexible puede admirar los hijos de un padre estricto, mientras que el padre estricto puede pensar que los niños más flexibles en realidad no son tan malos después de todo. ¡¿Cuáles deben ser, entonces, las normas?! La respuesta americana común: “Bueno, todo el mundo es diferente.”, no ayuda y no es cierto para la moral.Dios no es diferente para cada persona. Los diez mandamientos no son diferentes para cada persona.La fe cristiana no es diferente para cada persona. Tiene que haber una mejor respuesta. ¿Qué dice Dios sobre el largo de las faldas, las letras de las canciones, los videojuegos, el maquillaje, los dulces, los novios, las películas de guerra? Debe haber una respuesta.

Bueno, en realidad, no. No tiene por qué haber una respuesta a estas preguntas, especialmente de parte de Dios.

¿Cuándo ha enseñado Dios a los hombres cómo cepillarse los dientes? Nunca. Los hombres no necesitan que se les diga que se cepillen los dientes o cómo hacerlo, porque la razón les dice eso y la revelación divina no se da donde la razón es suficiente. Los hombres saben que si dejan sus dientes sin cepillar, van a suceder cosas malas. Nadie espera que Dios confirme estos temores, pero ellos cuidan sus dientes sin preguntarse si es la voluntad de Dios o no. La razón nos guía y no buscamos nada más.

El problema con las preguntas de los padres cristianos mencionadas anteriormente es que, por alguna razón, no están cubiertas en la revelación divina, y parece que no pueden ser resueltas por la razón. Caen en lo que popularmente se denominan “zonas grises”, pero me gustaría describir estas preguntas de manera diferente. (Por cierto, nunca he oído a un filósofo o teólogo clásico hablar de “zonas grises”).

Sostengo que estas llamadas preguntas de “zona gris” son realmente preguntas que revelan un problema más grande en nuestras vidas y que no pueden ser respondidas al momento en que son preguntadas. Ellas son lo que los lógicos llamarían “cuestiones complejas”. Las preguntas no son inocentes y abiertas a una respuesta clara. Obligan a quien responde a aceptar ciertas ideas que aún no han sido concedidas. Por ejemplo, si usted y yo nos paramos frente a un grupo de sus amigos y le pregunto: “¿Todavía está encubriendo su adicción a las drogas?”, no puede limitarse a responder “Sí” o “No”. La pregunta implica que, de hecho, tiene una adicción a las drogas y va a parecer que acepta esa implicación si respondiera, “No, yo ya no oculto mi adicción a las drogas”. Esta es la razón por la cual las preguntas de “zona gris” en la paternidad cristiana no pueden ser contestadas. Comienzan con prejuicios injustos y después parecen no tener respuesta autorizada. Cuando no se puede encontrar una respuesta autorizada, los que preguntan actúan como si ellos debieran ser libres para hacer lo que mejor les parezca. Sin embargo, esto no es cierto. Estas preguntas no son tan inocentes.

Esto nos lleva de nuevo a nuestra pregunta original sobre la música de Tiesto. Cuando un niño pregunta: “Mamá, ¿puedo escuchar la música de Tiesto?” Nos atascamos ahí, con una pregunta compleja. En primer lugar, escuchar música no es algo necesario de la vida del niño, ni es un derecho humano. Si la música viene de Tiesto o Eminem o incluso Mozart no hace ninguna diferencia. Lo primero con lo que tenemos que tratar es la suposición que se está haciendo: que el niño debe estar escuchando música de cualquier forma.

UNA VIDA DE TAREAS DIARIAS

Lo que todas estas cuestiones complejas de los padres modernos asumen es que los cristianos tenemos tiempo para todo tipo de actividades de ocio. Se levantan por la mañana con un horario en blanco y luego comienzan sus preguntas: “¿Puedo ver la televisión?”, “¿Puedo jugar en la calle?”, “¿Puedo ir al centro comercial?” – Y sigue y sigue. A los padres se les hace creer que los buenos padres tienen buenas respuestas a estas preguntas, o políticas coherentes que orientan sus respuestas inmediatas. Los padres fallan en reconocer el supuesto que les afecta a todos ellos: que no hay nada más que hacer.

Aquí es donde me gustaría proponer una solución radical: Vamos a proporcionar a nosotros mismos y a nuestros hijos una agenda llena de cosas que debemos estar haciendo y eliminar todas estas preguntas.

En primer lugar, tenemos una meta en la vida y es la salvación de nuestras almas. Jesús preguntó: “¿De qué sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su propia alma?” y esa es la gran pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos y a nuestros hijos cada día. Así es como Jesús respondió a las preguntas complejas que nos enfrentamos. Él no discutió sobre letras de música o el largo de los vestidos. Él fue directo al corazón y se fue tras lo principal. Vamos a ser juzgados al final de nuestras vidas y seremos asignados a un lugar eterno de gozo o de dolor. Tenemos que salvar nuestras almas. Eso es lo que deberíamos hacer, “gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. Este no es nuestro hogar, no es el lugar para el que hemos sido diseñados por Dios. Se trata de un breve tiempo de libertad condicional, que, si es bien utilizado, puede ganar para nosotros la vida eterna.

Una vez que definimos el fin principal de nuestras vidas, y nos comprometemos a lograr ese fin, nuestro horario estará muy lleno cada día, ¡por el resto de nuestras vidas! Necesitamos orar. Necesitamos estudiar la Palabra de Dios. Tenemos que hacer penitencia. Tenemos que obedecer los mandamientos de nuestro Señor y vivir la vida cristiana. Por ejemplo, considere las obras de misericordia:

Obras de Misericordia Corporales Obras de Misericordia Espirituales
 Alimentar al hambriento;

 Dar de beber al sediento;

 Vestir al desnudo;

 Dar posada al peregrino;

 Visitar a los enfermos;

 Visitar a los presos;

 Enterrar a los difuntos.

 Instruir al ignorante;

 Dar buen consejo al que lo necesita;

 Amonestar a los pecadores;

 Soportar con paciencia los defectos del prójimo;

 Perdonar al que nos ofende

 Consolar a los afligidos;

 Orar por los vivos y los difuntos.

 

¿Cuándo puede alguien dar por hechas todas estas maravillosas obras? ¿No está claro que la única razón por la que estamos discutiendo las “preguntas de zona gris” es que estamos inactivos y dejamos de lado las obras con las que deberíamos estar comprometidos? Sí, sí comenzamos no con un horario vacío para ser llenado por decisiones espontáneas tomadas por los padres todos los días, sino con un horario priorizado y ocupado con oraciones, estudios y buenas obras, ¿no desaparecerían todos los problemas de crianza? ¿No sería que las peleas por los juguetes de los niños ociosos llegarían a su fin? ¿No acabarían los debates para la selección de películas? ¿No se evitarían las discusiones sobre las modas y los amigos? Sin duda, lo harían. Esto, yo digo que es la verdadera solución a nuestros problemas de paternidad. No es tanto que los niños estén siendo malos sino que todo el hogar carece de una verdadera misión cristiana.

Por lo tanto, recomiendo que dejamos de pensar que los santos se hacen por restricciones – “No toques”, “No lo pruebes”, “No mires”. Los santos no eran santos porque nunca desearon nada de lo que sus padres les negaron, sino porque vivían con un propósito. Una misión clara les permitió vivir con celo y sus misiones les llevaron a considerar todas las cosas del mundo, como dice San Pablo, como si fueran “basura”. Los santos no vivieron diciéndose a sí mismos “¡No!”, vivieron diciéndole a Dios: “Sí”. Esta es la vida que nosotros y nuestros hijos necesitan.

La buena noticia es que nuestros hijos no están ansiosos por cosas malas o que están “cayendo” del cristianismo. El problema es que el cristianismo se les presenta a ellos de una forma tan aburrida y sin vida que la basura del mundo les parece como un tesoro. La mala noticia es que tenemos mucho trabajo por hacer. Tenemos que llenar nuestros hogares y nuestras vidas con el verdadero cristianismo, ardiente – el cristianismo de los profetas, mártires, santos y misioneros. No necesitamos pedir nuevas películas o pinturas para la pared. No es necesario tirar la ropa vieja y comprar nuevas ropas “cristianas”. No necesitamos esforzarnos más para desarrollar respuestas más ingeniosas para las complejas preguntas de nuestros hijos. Tenemos que llenar nuestros días con las obras que deben llenar el día de un cristiano: oración, estudio, trabajo, caridad, adoración, evangelización, enseñanza, visitas, asistencia, vistiendo, alimentando, reconfortando, y así sucesivamente. Debemos tomar el Gran Encargo, salir al mundo y hacer discípulos. Al igual que David, debemos entrar en el campo de batalla y enfrentar a los enemigos de Israel.

Sabremos cuándo hemos mejorado nuestras vidas cuando ya no discutimos las preguntas del “área gris” en nuestros hogares.

CONCLUSIÓN

El problema con la música de Tiesto no está en la letra ni en el comportamiento de sus asistentes al concierto. El problema es que la gente escucha la música de Tiesto y baila en lugar de orar, estudiar la palabra de Dios, meditar la ley y los libros de sabiduría, en vez de hacer las obras de misericordia y otras actividades con consecuencias eternamente significativas. La pregunta no es si una determinada película o vestimenta es buena o mala, sino si no podríamos estar haciendo algo más importante con nuestro tiempo, recursos y energía. Podemos hacer estallar estas complejas preguntas viviendo la fe cristiana como lo hicieron los santos, pero para hacer esto, debemos reorientar radicalmente nuestras vidas. Debemos encontrar misiones para nuestras familias y luego dedicar todo lo que tenemos para completar con éxito esas misiones. En mi familia, estamos iniciando un internado gratuito para niños pobres que nos traen los Misioneros de los Pobres, junto con la conducción de la Academia de Artes Liberales Clásicas (CLAA). Para nosotros, nuestra misión es más emocionante que cualquier película, más satisfactoria que cualquier comida, más reconfortante que cualquier salida de vacaciones y nunca dejamos de trabajar en familia. Los animo a que abandonen la filosofía negativa de paternidad de los hijos que conduce a disputas interminables sobre tonterías y a adoptar una vida activa, orientada por una misión y de mentalidad celestial que puede liberar a su familia y hacer que usted y sus hijos sean verdaderamente felices.

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